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Última actualización: 25 de julio de 2006
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LA TRIBUNA

Testimonio de Exilio
Hay momentos en la Historia en que la oscuridad parece crecer y tornarse asfixiante. Momentos en los que las almas sensibles buscan la luz del testimonio de quienes, -en situaciones iguales o peores-, han sido capaces de sobreponerse, resistir y ofrecer un camino de paz interior en medio del caos.

El siglo XXI pareció amanecer dejando atrás las tinieblas de los totalitarismos. Pronto, un 11 de septiembre nos desengañó de tal ilusión. Ni el terrorismo de raíz islámica, ni una izquierda que ni con la caída del Muro han renunciado a destruir los valores de libertad de Occidente, han permitido pensar en ese “Fin de la Historia” que Fukuyama señaló.

Europa, y España en particular, está siendo asediada por voluntades políticas con poderosos deseos de ingeniería social que intentan anular toda capacidad de resistencia y que buscan destruir los valores esenciales de la Sociedad tal y como éstos han venido heredados de la cultura griega, romana y cristiana.

Muchos han sido los que, analizando este tiempo, han buscado analogías con el período de entreguerras mundiales del siglo XX. Si, en el plano político, se busca un Churchill en España que sepa resistir la tormenta y devuelva a un pueblo milenario la cordura y la libertad perdida, también se busca –en el campo cultural- una referencia cultural capaz de contraponer otros valores radicalmente distintos a los que el Poder trata de implantar para desarmar toda capacidad de reacción. Y, en esa búsqueda aparece, como un faro en la oscuridad de un acantilado, la personalidad y la obra de Vintila Horia.

Ensayista, Escritor, Periodista e Investigador, Vintila Horia, rumano (1.915-1992) padeció en carne propia los dos totalitarismos paganos y materialistas. Estuvo en dos campos de concentración nazis hasta mayo de 1.945 y la nueva autoridad filo-soviética rumana le quiso condenar a trabajos forzados de por vida, lo que le obligó al exilio al Occidente democrático, no viendo la luz y la tierra que le vio nacer nunca más.

El exilio constituyó, desde ese momento, el núcleo de toda su obra. Y lo vivió con tal intensidad que, en 1.960 le fue otorgado el Premio Goncourt en Francia por su mejor novela “Dios ha nacido en el exilio”, relato de un Ovidio expulsado por Augusto de Roma y condenado a vivir en el extrajero hasta su muerte, pero que antes de cerrar sus ojos verá la esperanza del nacimiento del hijo de Dios entre los hombres.

Es en ese exilio geográfico donde Vintila se transforma y desmenuza la enfermedad de los dos mundos que se vio obligado a conocer. Adoptando ese papel de “emboscado” que Ernst Junger supo definir, se retira en su universo literario. Se convierte un Odiseo contemporáneo en perenne peregrinación hacia una Itaca ideal.

Denunciando el materialismo que ha anegado las sociedades del mundo libre (enlazaba con René Guenon en las críticas a ese Reino de la Cantidad), comprueba como los principios de la Física Cuántica de Heisemberg anuncian el fecundo diálogo entre Razón y Fe. Vintila, de profundo y sentido catolicismo, hizo todo lo posible como Profesor de Literatura para enlazar las figuras de Ovidio, Platón, Boecio, El Greco o Rilke y ofrecernos un fresco de los valores católicos y europeos como marco de libertad auténtica.

Vintila fue un rebelde. Piedra de escándalo en la sociedad francesa que se negaba a dar un Premio como el Goncourt a un intelectual católico que había padecido los dos totalitarismos: el nazi y el comunista por igual. Su rebeldía intelectual, su catolicismo no ocultado sirvió a toda la intelectualidad infectada de “Sartrismo” para condenarle. Pero Vintila se convierte en el protagonista en vida de una de sus propias novelas. Será el “Caballero de la Resignación”. Novela que cuenta la historia del príncipe valaco Radu Negru, figura simbólica de Esteban El Grande quien, al final de la Edad Media, defendió la identidad nacional de su pueblo, acosada por el poderío del Imperio Otomano. Radu Negru será el Príncipe poeta que renuncia a su vocación de literato humanista para asumir, con resignación, su destino de Príncipe Guerrero, leal al legado histórico transmitido por su padre. Vintila, en el sentido de Kierkegaard, nos muestra esa resignación activa, la no sumisión fatalista a una voluntad ajena, sino el cumplimiento consciente de una voluntad superior, adhesión voluntaria a un diseño divino. La Figura Literaria que Vintila Horia nos lega es superior al Emboscado de Junger, porque su catolicidad nos trasciende. Nos muestra el camino de resistencia activa, voluntaria y decidida de oponerse al Mal.

Él mismo lo explicó que su figura del “Rebelde” asumía el significado de ese “Emboscado” (“Waldgänger”) de Ernst Junger: El Hombre que se aparta en el Bosque para defender la libertad negada por los contemporáneos, dispuesto a inclinarse con toda humildad sólo ante el poder eterno.

No deja de ser, por ello, una feliz circunstancia, que esa afirmación literaria en toda su obra la hiciera en España, tierra en la que decidió pasar el resto de su vida, adquiriendo su nacionalidad e identificándose con la Obra del Descubrimiento, hasta el punto de dedicar su penúltima obra a este acontecimiento que abrió España al Mundo.

Esa Figura de “Rebeldía” inequívocamente nos transporta a todas las biografías de los Héroes españoles que reconquistaron España para Dios y ganaron para Él aquél Orbe que fue la Hispanidad, no arrodillando su arrogancia más que ante el Poder de lo Alto.

Nos dejó un 4 de Abril. Yo le conocí. Me regaló el tributo de su amistad y de su sabiduría. De él aprendí el Camino del Emboscado. Ese camino que se ha de volver a abrir para recoger a todos los náufragos del fracaso de la Sociedad Materialista.

Murió en el Exilio. Pero en España encontró su Itaca. De justicia es recuperar su Obra.

Carlos Martínez-Cava Arenas
(extraído de www.minutodigital.com)

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CONTRA LA NACIÓN CÍVICA
Jesús LAÍNZ

(extraído de: http://bitacorapi.blogia.com)

Cuando en un enfrentamiento ideológico uno de los bandos puede decir lo que quiera sin limitación alguna mientras que el otro tiene que vigilar cada una de sus palabras, ocultar muchas de las que quisiera decir y disfrazar las que finalmente utiliza, este segundo bando entra en liza con media guerra ya perdida. Esto es lo que les pasa a ciertos defensores de la nación española, que se creen obligados a llenar su discurso de epítetos para no pecar.


En primer lugar está lo del patriotismo constitucional, vergonzante petición de excusa por adelantado. Es como admitir que de España se puede ser patriota pero poco. Y para hacérselo perdonar, se añade la referencia a la Constitución, atenuación de la densidad de patriotismo para que no escueza demasiado. Pero el patriotismo no tiene nada que ver con constitución alguna, pues cualquier patria es algo que está antes y por encima de cualquier constitución. Antes, porque tiene que haber primero una patria para dotarla de una constitución. No existen las constituciones en abstracto. Existe la Constitución española, la francesa o la italiana, que encuentran su explicación en la existencia de sus respectivas naciones. Y por encima, puesto que la patria es lo necesario y las constituciones, lo contingente. Las constituciones pasan, se reforman, se derogan y se sustituyen. Pero la nación que las hizo surgir es lo que continúa su recorrido en la historia, con una u otra constitución.


El segundo epíteto vergonzante es el de la nación "cívica". Confieso que la primera vez que lo oí me desorientó.

–Está bien –pensé– esto de subrayar la importancia de la buena educación de los ciudadanos. Pero, ¿será que sin ese adjetivo, se estaría defendiendo una nación incívica?

Se me contestó que no, que lo que quería defenderse era una nación de ciudadanos, lo cual me dejó aún más sorprendido, incapaz como me veía de imaginar una nación de coliflores, de perros o de semáforos.

–Pero eso es innecesario –repuse–. Todas las naciones son de ciudadanos. Es una obviedad que una nación está conformada por personas, no por animales o cosas.

–No. Lo de cívica es para contraponerlo a la nación étnica –me explicaron–. Lo que queremos decir con ello es que nuestra concepción de la nación descansa en el individuo, venga de donde venga, y no en los condicionantes étnicos e históricos, que es en lo que se basan los nacionalismos excluyentes.

Y aquí es cuando comprendí la notable cantidad de errores acumulados en la "nación cívica".


Primer error: no hay naciones cívicas. No hay nación –y mucho menos aún en nuestra vieja Europa– que no tenga una fundamentación étnica e histórica. España es lo que es, al igual que cualquier otra nación europea, no por ser una aglomeración de ciudadanos salidos de la nada, sino porque tiene una historia y una cultura que le han dado forma.

Segundo error: no es cierto que nuestros separatismos sean nacionalismos étnicos o identitarios, por lo que no tiene sentido oponerles un nacionalismo cívico que ellos también propugnan. Nuestros separatismos fueron etnicistas, pero ya no lo son. Hace un siglo nacieron –y durante unas cuantas décadas continuaron manteniéndolo– con el fin de preservar unas esencias raciales, culturales y espirituales que los separatistas consideraban en peligro a causa de su pertenencia a España. Pero hoy ya no son el Rh vasco, el cráneo catalán o tal o cual volkgeist los valores a conservar. Ya no es la preservación de la estirpe el núcleo de la reivindicación nacionalista. Todos nuestros separatismos llevan muchos años reivindicando su propio "nacionalismo cívico", para lo que incluso utilizan textualmente esta expresión. Todos los partidos nacionalistas, de cualquier región e ideología, llevan muchos años dejando bien claro que cualquiera puede ser vasco, catalán o gallego. Basta con quererlo. Basta con apuntarse a ello, se venga de donde se venga, mientras que el vasco, catalán o gallego de pura cepa que se defina como español, deja de ser vasco, catalán o gallego. Es cierto que se sigue utilizando la excusa de la lengua, pero ya no como la manifestación de un ancestral espíritu nacional, sino como prueba de la afiliación del individuo al nuevo club nacional.

Ejemplos: "La ciudadanía no sólo se debe adquirir por nacimiento en el territorio o por el origen de los padres, sino también por la voluntad de integrarse en la sociedad de acogida" (declaración de ERC). "Aceptaremos como a un hermano a todo aquel, sea cual sea su origen, que quiera compartir con nosotros la suerte de nuestro pueblo" (declaración del PNV).

Es decir: españoles, fuera; todos los demás, dentro.


Los separatistas no quieren defender ninguna esencia étnica, ninguna identidad nacional nacida de la cultura y la historia. Tan solo quieren montar su propio negocio con ellos de presidentes, y para ello tienen que destruir España. Lo de la defensa de la vasquidad, la catalanidad o la galleguidad es sólo una excusa para engañar, adoctrinar y movilizar a la gente.

Si no se ve claro esto, si se insiste en el error de la "nación cívica", la guerra estará perdida.

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NOU ESTATUT?: NO GRÀCIES!
Catalanista, de izquierdas y ecologista (JOAN SAURA, de IC, DIXIT...)
Catalanista, de izquierdas y ecologista

Así ha definido Joan Saura el estatuto, con afán, se supone, de que estas tres características animen a votar sí. Lógico que el líder comunista tenga como beneficiosos estos tres conceptos, pero ¿queremos los catalanes que nuestra norma fundamental sea abiertamente de izquierdas? ¿Queremos dejar fuera del juego político por generaciones a los que no sean de izquierdas? ¿Hemos de comulgar todos los catalanes con los principios de la izquierda en materia, por ejemplo, de aborto, de eutanasia, de inmigración, de política penitenciaria?

Y ecologista, ¿es necesario que un estatuto sea ecologista? ¿Y porqué no vegetariano, ya puestos? ¿Significa que es contrario a la industrialización, o al desarrollo del turismo, ambos sectores esenciales de la economía catalana?

En cuanto a lo de catalanista, roza el chiste: ¿alguien se imagina que la constitución española tuviera que definirse como españolista para recabar apoyos?

Si comparten nuestras inquietudes, les pedimos que difundan estos textos allí donde puedan ser efectivos. También podríamos enviarlos a las direcciones de correo que nos pudieran facilitar.

Si por el contrario no desean seguir recibiéndolos, por favor hagannos llegar un mail sin texto a la siguiente dirección: no_la_quiero_recibir@yahoo.es

Pueden enviar sus opiniones a: abre_los_ojos_2006@yahoo.es

Gracias por su paciencia y colaboración.

Tan solo les proponemos unos minutos de reflexión.

Pueden visitar y dejar los comentarios que deseen en nuestro blogg :

http://abrelosojos2006.blogspot.com/





Catalanista, d'esquerres i ecologista

Així és como Joan Saura ha definit l'estatut, intentant, cal suposar, que aquestes tres característiques animin a votar si. És lògic què el lider comunista consideri positius aquests tres conceptes, però volem els catalans que la nostra norma fonamental sigui obertament d'esquerres? Volem deixar fora del joc polític per generacions els que no siguin d'esquerres? Hem de combregar tots els catalans amb els principis de l'esquerra en matèria, per exemple, d'avortament, d'eutanàsia, d'inmigració, de politica penitenciària?

I ecologista, cal què un estatut sigui ecologista? I perqué no vegetarià, ja posats? Significa què és contrari a l'industrialització, o al desenvolupament del turisme, sectors tots dos essencials de l'economía catalana?

En quant a catalanista, frega l'acudit: algú s'imagina que la constitució espanyola haguès de definir-se com ecologista per recabar suport?

Si compartiu les nostres inquietuts, difoneu aquests textos allà on puguin ser efectius. També podem enviar-los nosaltres a les adreces de mail que ens faciliteu.

Si pel contrari no els desitjeu rebre, si us plau envieu-nos un mail sense text a la següent adreça: no_la_quiero_recibir@yahoo.es.


Podeu enviar les vostres opinions a: abre_los_ojos_2006@yahoo.es

Gràcies per la vostra paciència i col?laboració.

Us proposem només uns minuts de reflexió.

Podeu visitar i deixar els comentaris que volgueu en el nostre blogg:

http://abrelosojos2006.blogspot.com/
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MANIFIESTO POR LA CONSTITUCIÓN.
MANIFIESTO POR LA CONSTITUCIÓN
El respeto a la Constitución, y su defensa cuando es vulnerada, son la clave del sistema que nos permite convivir civilizada y pacíficamente. Marcan también la diferencia entre los pueblos libres y los que no lo son.
En 1978, España se dotó de la Constitución más democrática y consensuada de su historia, basada en tres valores clave: la unidad de la nación, las libertades y la reconciliación final y oficial entre los vencedores y los vencidos de la guerra civil, ya lograda en la sociedad muchos años antes. Ninguna otra ley obtendría hoy tal consenso, y por ello tal valor para nuestra convivencia. Como toda obra humana, tiene defectos, y puede y debe ser reformada. Pero sus virtudes han traído al pueblo español una larga época de paz, libertad y prosperidad, que sería una locura poner en riesgo.
Algunos partidos y políticos rechazaron la Constitución, abierta o solapadamente. Sus métodos los definen: el asesinato, en sus formas más cobardes, de cientos de personas, o la connivencia política con los asesinos; el ataque a los derechos ciudadanos, sobre todo en Vascongadas y Cataluña; el recurso a los antiguos odios mediante una propaganda de revancha, casi siempre falsaria, sobre la guerra civil; la terca corrosión de la unidad de España cultivando el agravio y el narcisismo regional, vieja técnica totalitaria.
Esos partidos estuvieron siempre muy lejos de sus objetivos. Pero hoy el gobierno, en alianza de hecho o de derecho con ellos, procura con actos consumados y fraudulentos la quiebra de la Constitución, sacrificándola a una "paz" con los asesinos tan imaginaria como la "guerra" que vendría a detener. Mientras nuevos fenómenos, como el terrorismo islámico, aumentan la incertidumbre.
Tal alianza ha transformado en su contrario el Pacto Antiterrorista y por las Libertades, e intenta reducir España a un inviable conglomerado de naciones inventadas, sin apenas lazos políticos o sentimentales entre ellas, mutuamente resentidas, irrisorias en el plano internacional y peones de los intereses de otras potencias. El plan se combina con una alianza internacional de dictaduras, llamadas pomposamente "civilizaciones", entre ellas algunas muy agresivas hacia España. Esta involución antidemocrática divide a la sociedad española, abocándola a una crisis de imprevisibles consecuencias.
Frente a la involución, nosotros, españoles dispuestos a defender nuestra libertad, alzamos la bandera de una España unida y democrática, garantía de la única paz y estabilidad admisibles. Y llamamos a los ciudadanos y a sus asociaciones a impulsar un movimiento por la Constitución, que alerte a la totalidad de la población y restablezca el imperio de la ley. En las manos de todos está impedir un nuevo fracaso histórico de nuestra convivencia.

Ciudadanos por la Constitución PÁSALO A TODOS TUS CONOCIDOS
Bitácora “Presente y Pasado”, Pío Moa, www. libertaddigital.com
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Cuaderno de campo

Patriotismo descremado, bajo en calorías
JOSÉ JAVIER ESPARZA (El Semanal Digital)
12 de mayo de 2006. Hay que alegrarse del éxito de crítica y público que
está cosechando la plataforma Ciutadans per Catalunya. En una vida
pública como la catalana, tan aherrojada, tiene mucho mérito lanzarse al
ruedo contra el asfixiante nacionalismo local. Lo que resulta llamativo es
que el principal apoyo de este grupo sea la (exigua) derecha mediática. A
juzgar por estos medios, la Plataforma sería una sana erupción del mejor
patriotismo español contra la hidra separatista. Y, en efecto, el discurso
de la Plataforma no puede ser más nítidamente antiseparatista; sin
embargo, ¿puede definirse lo suyo como "patriotismo español"?

En todo esto hay una confusión que conviene disolver. Como los
nacionalismos periféricos se nos han presentado en forma invasiva y
agobiante, con ánimo de regular hasta las etiquetas de la ropa interior, el
desafío separatista se está confundiendo con un desafío a la libertad. Y es
verdad que ambos desafíos concurren simultáneamente, pero hay que
subrayar que ocupan planos distintos. La salvaguarda de los derechos
individuales –por ejemplo, que yo pueda rotular el nombre de mi negocio en
la lengua que me dé la gana- es una guerra, y la defensa de la unidad
nacional –por ejemplo, que no haya más "realidad nacional" que España- es
otra guerra distinta. La Plataforma está alineada sin sombra de duda con
las libertades públicas, pero su discurso lo mismo podría servir para la
nación española que para la francesa… o para una nación catalana
respetuosa con la libertad de los individuos. Porque, en efecto, si nuestros
nacionalismos no fueran tan opresivos, ¿habría nacido esa Plataforma?

Al fondo hay un problema de tipo filosófico-político. Los medios que se han
atribuido el monopolio del patriotismo están subordinando la idea de España
a una determinada interpretación de la democracia; una interpretación que
se reduce al molde del individualismo liberal y en la que provoca urticaria
cualquier cosa que suene a comunidad, a sentimiento colectivo, a
pertenencia. Ahora bien, ¿qué es el patriotismo sino un sentimiento
colectivo, de comunidad, de pertenencia? Sin una dimensión comunitaria, el
patriotismo puede servir para pasar por "políticamente correcto", pero será
un patriotismo descremado, bajo en calorías.

Lo que necesitamos es otra cosa. Precisamente el gran pecado de la
España constitucional ha sido su incapacidad para construir un patriotismo
adaptado a las instituciones democráticas y, viceversa, para edificar una
democracia que no se manifieste como abominación del patriotismo.
Nuestro país no ha sido capaz de conjugar las libertades individuales y la
descentralización del Estado, que son las señas de la Constitución de
1978, con un mínimo sentimiento comunitario que permita a la gente
reconocerse en su propio país. El resultado de esa carencia, treinta años
después, lo tenemos a la vista: surgen "realidades nacionales" por todas
partes mientras que declararse "patriota español" se convierte en algo
sospechoso. Tan sospechoso que nadie osa dar el paso crucial: pensar
democracia, comunidad y patria al mismo tiempo.

España neurótica.
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Foro por la Reconciliación Histórica
LXXV Aniversario de la quema de iglesias y conventos

Publicamos el comunicado del Foro por la Reconciliación Histórica en el LXXV Aniversario de la quema de iglesias y conventos. Puesto que el actual Gobierno se empeña en revivir aquellos años, habrá que recordarlo todo.

El 10 de mayo de 1931 se celebró la primera asamblea del recién constituido legalmente Círculo Monárquico Independiente. Ante la noticia de este acontecimiento, la izquierda radical no se muestra dispuesta a aceptar la posibilidad de expresión de gentes con ideas contrarias a las suyas: esa misma tarde, como contó en 1935 Enrique Matorrás, entonces Secretario del Comité Central de la Juventud Comunista, se acuerda una huelga general y una “jornada de lucha” en reivindicación de las instrucciones que la III Internacional había dictado a sus miembros en España, y que aparecieron publicadas en el Pravda de Moscú el 16 de febrero anterior.

Esa misma noche se intentó asaltar dicha asamblea del Círculo, produciéndose agresiones e incendio de vehículos en la calle de Alcalá, se incendió el quiosco del diario El Debate en la misma calle y se intentó, sin éxito, el asalto al ABC, frustrado por las fuerzas del orden. Ambos periódicos, católico el primero y el monárquico el segundo, habían aceptado el cambio de régimen, pero estaba claro que había quienes no estaban dispuestos a aceptarles a ellos.

A la mañana siguiente, día 11 de mayo, empezó el asalto a iglesias y conventos de la capital. Fueron incendiados y saqueados numerosos edificios, como el Colegio de Maravillas, de los salesianos, para hijos de obreros, la Iglesia de Santa Teresa, junto a la plaza de España, el colegio de los jesuitas de Areneros (la actual sede de ICADE–ICAI), en la calle Alberto Aguilera, y muchos otros. Incendios y saqueos que se produjeron ante la pasividad de las fuerzas del orden, que habían recibido orden expresa del gobierno de no intervenir, como un año después confesó Miguel Maura, Ministro de la Gobernación en el momento de producirse los hechos.

Ante la impunidad con que se desarrollaron las algaradas en Madrid, al día siguiente se extendieron los asaltos, agresiones y quemas de edificios a otras provincias: Sevilla, Cádiz, Málaga, Murcia, Alicante, Valencia... fue ante esta propagación de los disturbios y el miedo a una espiral de violencia cuya represión podía implicar el derramamiento de sangre fue lo que hizo que, finalmente, el gobierno autorizara a Maura a emplear a las fuerzas del orden para cumplir su cometido y restaurar la seguridad en las calles. Tremendo resultado el de estos dos días de desórdenes: se empleaba la violencia contra quienes representaban una idea distinta de España de la de los partidos radicales, y el Gobierno se mostraba pasivo ante tal hecho, creándose la sensación de que aprobaba lo sucedido y no entendía que su misión fuera garantizar la seguridad y libertad de todos los españoles.

No se había cumplido aún un mes desde la instauración de la República, y ya se había producido una quiebra de la convivencia y de la confianza en el régimen de la máxima gravedad, que abría la puerta a la espiral de violencia que, a partir de ese momento, iba a jalonar el desarrollo de la República hasta acabar con ella: la rebelión socialista a finales de 1931 que culminó en la matanza de Castilblanco; la rebelión anarquista en Cataluña a principios de 1932, la sublevación monárquica de Sanjurjo en agosto de ese mismo año; la huelga anarcosindicalista de 1933, que degeneró en los sangrientos sucesos de Casas Viejas; el golpe de socialistas y comunistas de octubre de 1934...

Ante el negro panorama que se podía intuir tras estos incidentes de mayo de 1931 y el peligro mortal que ese camino suponía para la consolidación de la República, cundió la alarma entre los republicanos de buena fe y éstos alzaron sus voces contra lo sucedido. Así se manifestó Ortega y Gasset con su famosa expresión: ‹‹¡No es esto, no es esto!››, y así lo firmaron en un manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República el mismo Ortega, Gregorio Marañon y Ramón Pérez de Ayala: ‹‹El hecho repugnante avisa del único peligro grande y efectivo que para la República existe: que no acierte a desprenderse de las formas y las retóricas de una arcaica democracia en vez de asentarse, desde luego e inexorablemente, en un estilo de nueva democracia››.

CONCLUSIÓN:

El 75 aniversario de la implantación de la Segunda República coincide, pues, con la actuación sectaria y excluyente de un importante grupo de partidos y organizaciones políticas obstaculizaron permanentemente el desarrollo del régimen del 14 de Abril, hasta ahogar en fanatismo y violencia las posibilidades de desarrollo pacífico y democrático de la República.

El PSOE de la época y los variados partidos republicanos, como la Izquierda Republicana presidida por Manuel Azaña, decían defender un régimen en el que en realidad no creían y que sólo querían utilizar como plataforma para imponer a los españoles su propio modelo autoritario de Estado, y contra el que ellos mismos no dudaron en conspirar y actuar con las mayores dosis de violencia política que se vieron en esos años en España, hasta el inicio de la contienda civil en 1936.

Con ello no sólo impidieron la consolidación de la República, sino que contribuyeron de forma decisiva a su erosión y degeneración hasta destruir todas las esperanzas y la buena fe de los españoles en el régimen republicano, provocando su completa ruina y abriendo el paso a la guerra civil.

El Foro por la Reconciliación Histórica no quiere utilizar estos hechos para causar nuevas divisiones entre los ciudadanos, sino para conocer mejor nuestro pasado y cumplir con el proyecto del Año de la Memoria Histórica. La Historia sólo será fuente de paz y concordia si los españoles de 2006 somos capaces de aceptar nuestro pasado, cada vez más lejano, sin sectarismos.

Foro por la Reconciliación Histórica

fororeconciliacion@telefonica.net



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NOU ESTATUT?: NO GRÀCIES!
¿Hacía falta realmente un nuevo estatuto?

¿Piensa usted que Cataluña necesitaba realmente un nuevo estatuto? ¿Cree usted que ha valido la pena que durante dos años y medio el gobierno de la Generalitat, y toda la política catalana y española, haya estado girando en torno a este asunto, descuidando de manera evidente la gestión cotidiana?

La necesidad de un nuevo estatuto se basaba fundamentalmente en dos cuestiones: más competencias y más financiación. Indudablemente, cualquier poder político quiere más recursos para poder hacer más cosas por sus ciudadanos. Pero tal vez una mejora en la financiación, de ser necesaria, no requería un nuevo estatuto sino que podía haberse negociado por sí misma sin provocar el terremoto político que estamos viviendo.

Y en cuanto a las competencias, ¿dónde está el límite? ¿No estaremos entrando en un círculo vicioso en el que pedimos más competencias, y ello nos obliga a pedir más dinero para atenderlas, y así sucesivamente? ¿Existe para esta espiral algún final que no sea la plena independencia?.
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Calia realment un nou estatut?

Penseu que Catalunya necessitava realment un nou estatut? Creieu que ha merescut la pena que durant dos anys i mig el govern de la Generalitat, i tota la política catalana i espanyola, hagin girat al voltant d'aquest assumpte, descuidant de forma evident la gestió quotidiana?

La necessitat d'un nou estatut es justificava fonamentalment en dues qüestions: m´´es competències i més finançament. Indubtablement, qualsevol poder polític vol més recursos per poder fer más coses pels seus ciutadans. Peroò potser una millora del finançament, en cas de ser necesaria, no requeria un nou estatut, sino que podia haver-se negociat aïlladament sense provocar el terratrèmol polític qu'estem patint.

I en quant a les competències, quin és el límit? No estarem entrant potser en un cercle viciós en el que demanem més i més competències, i això ens obliga a demanar més diners per atendre-les? Té aquesta espiral algun final que no sigui l'independència plena?.


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MANIFIESTO POR OCCIDENTE

de MARCELLO PERA
(Presidente del Senado de Italia)

Adhiérete en: www.perloccidente.it
LAS RAZONES DE NUESTRO COMPROMISO

El Occidente fuerza de civilización

El Occidente

El Occidente está en crisis. Atacado desde el exterior por el fundamentalismo y por el terrrorismo islámico, no pudiendo contestar al desafío. Minado internamente por una crisis moral y espiritual, no encuentra el coraje para reaccionar. Nos sentimos culpables de nuestro bienestar, sentimos vergüenza de nuestras tradiciones, consideramos el terrorismo como una reacción a nuestros errores. El terrorismo, es sin embargo, una agresión directa a nuestra civilización y a la humanidad entera.

Europa se ha paralizado. Continúa disminuyendo la natalidad, competitividad, unidad de acción en la escena internacional. Oculta y niega su propia identidad y por lo tanto suspende la tentativa de tener una Constitución legítima para los ciudadanos. Determina una fractura con los Estados Unidos y hace del antiAmericanismo una bandera. Nuestras tradiciones se ponen en discusión. El laicismo o el progresismo reniegan de las costumbres milenarias de nuestra historia, desprecian por lo tanto los valores de la vida, de la persona, del matrimonio, de la familia. Se predica la igualdad de valores de todas las culturas. Se deja sin guía y sin regla alguna la integración de los immigrates.

Como ha dicho Benedicto XVI," ..Hoy el Occidenta no se ama a sí mismo..". Para superar esta crisis , necesitamos más empeño y en los asuntos de nuestra civilización.

Europa
Estamos comprometidos en refundir un nuevo europeismo que encuentra la inspiración de los padres fundadores de la unidad europea en su verdadera identidad y en la fuerza de hablar al corazón de sus ciudadanos.

La Seguridad
Estamos comprometidos en hacer frente al terrorismo de cualquier clase, por tratarse de un crimen contra la humanidad, y privarlo de cada justificación o ayuda, para aislar todas las organizaciones que atentan contra la vida de civiles, a enfrentarnos a cualquier predicador del odio. Estamos comprometidos a proveer el apoyo total a los soldados y a las fuerzas del orden que tutelan nuestra seguridad, tanto en el interno de un país como en el extranjero.

La integración
Estamos comprometidos a promover la integración de los inmigrantes en nombre de los valores y principios de nuestra Constitución, sin aceptar más que el derecho de la comunidad sin que prevalezca sobre el derecho de los individuos que los componen.

La vida
Estamos comprometidos a sostener y apoyar el derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; aconsiderar al "feto" como una "persona"; titular por tanto de derechos que deben ser tenido en cuenta, y nunca como "algo" facilmente sacrificable para fines diversos.

La subsidariedad
Estamos comprometidos a apoyar el principio "Tanta libertad como sea posible, tanto Estado cuanto sea necesario ". Con esto se exalta la supremacía cristiana y liberal de la persona y de los cuerpos intermedios de la sociedad civil y se concibe el poder político como una ayuda y un instrumento para la libre iniciativa de individuos, familias, asociaciones, compañías, servicio volontario.

La familia
Estamos comprometidos en afirmar el valor de la familia, sociedad natural fundada sobre el matrimonio, que debe ser protegida y distinguida de cualquier otra forma de unión.

La libertad
Estamos comprometidos en difundir la libertad y la democracia como valores universales válidos en cualquier parte, tanto en Occidente como en Oriente, tanto al Norte como al Sur. No es el precio de la esclavitud muchos, que pueden vivir el privilegio de unos pocos.

La religión
Estamos comprometidos en confirmar la distinción entre el Estado y la Iglesia, sin rendirnos a la tentativa laicista de relegar e la dimensión religiosa solamente a la esfera privada.

La educación
Estamos comprometidos en defender y promover la libertad de educación sin negar la función pública de la instrucción. Entendemos que realizar la comparación completa de la escuela no estatal (privada) con la escuela estatal (publica), aplicando también en este campo el principio general de subsidiariedad.

Italia
Estamos comprometidos en convertir nuestra Patria todavia en un a Patria más potente para exaltar los valores del conservadurismo liberal, de modo que el crecimiento de las libertades públicas e individuales se equiparen al mantenimiento de nuestras tradiciones. No puede ser ni libre ni ser respetado quien se olvida de sus propias raices.
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JOSÉ JAVIER ESPARZA

Extraído de www.elsemanaldigital.com
del 17-3-2006. Sección "Firmas": "Cuaderno de Campo".
DESPUÉS DE LOS SOFISTAS SIEMPRE LLEGAN LOS BÁRBAROS

17 de marzo de 2006.
El Estatut habla de la nación catalana, pero la gente se va convenciendo de que no. España no estuvo en la guerra de Irak, pero todo el mundo piensa que Aznar nos llevó a la guerra. El asunto de la mochila del 11-M sigue oscuro, pero el poder insiste en que ya está todo aclarado. La boca térmica de Zaplana es machista cuando reprocha a De la Vega su disfraz, pero apenas nadie pide cuentas al delegado del Gobierno en Madrid cuando se permite un desplante machista a Esperanza Aguirre. La nueva ley de tráfico de embriones autoriza la clonación terapéutica, pero todos los periódicos nos han dicho que prohíbe la clonación. Y así sucesivamente. Son sólo unos pocos ejemplos del aire que respiramos: en el país pasa una cosa, pero se nos dice que pasan otras –y lo que es peor, la gente lo cree.

Los sofistas eran aquellos doctos sujetos de la antigua Hélade que vendían sus saberes como aptitudes prácticas para triunfar en la retórica, sin preocupación alguna por la verdad. Platón los estigmatizó en El Sofista. En cierto modo, el sofista es el antecedente del creativo publicitario: despliega su talento para convencer, seducir, persuadir, al margen de la verdad o contra ella. Los sofistas siempre aparecen en tiempos de decadencia: la Grecia del siglo IV, Bizancio en el XIV, Francia en el XVIII. Tras ellos suele crecer la desolación y la incertidumbre. Después, normalmente, llegan los bárbaros y ruedan cabezas: la plutocracia en Esparta, la demagogia en Atenas, turcos en Constantinopla, jacobinos en París.

Sofística en estado puro es lo que se ha adueñado de la política española. Esto, ciertamente, no es de ahora, pero sólo ahora, con ZP, la técnica del sofisma publicitario ha entrado en la actividad política diaria. Se diría que todos los esfuerzos del Gobierno se concentran no en gobernar, sino en hallar el argumento retórico del día. El absurdo rifirrafe sobre el disfraz africano de la vicepresidenta es un buen ejemplo de esta técnica: una minucia intrascendente es elevada al cubo del eslogan ideológico y convertida en baza política contra el rival. El fondo del debate no tiene importancia. Lo único que importa es el despliegue retórico en torno al incidente. Así el sofista impone su ley.

El PSOE está ganando la "batalla de la verdad", esa liza en la que se dirime el derecho a imponer lo que es cierto y lo que no. Es una batalla típica de nuestro mundo, donde la verdad ya no reposa sobre criterios objetivos, sino sobre sentimientos colectivos. En un mundo así, la constatación de los hechos y su análisis racional ocupan un lugar secundario; todo el acento se pone en la interpretación emocional de las cosas bajo la perspectiva de clisés ideológicos sentados de antemano. Es el mundo ideal para que el sofista despliegue el abanico de sus técnicas –y gane.

Pero después del sofista siempre llega el bruto.
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